A Hugo le amenazó toda la tarde y le siguió, para luego cogerle del cuello, insultarle y pegarle un puñetazo en el estómago, uno de los niños de su clase.
Un niño que ya me saltó la alarma un poco con algunos comentarios de Hugo, de que se había peleado con varios críos ya.
Un niño que está pasando ahora de ser el payasete torpe a ser el cabecilla de grupo a base de hostias e intimidación.
Un niño que conozco y que más de una vez he hecho de confesora, he charlado con él o me ha acompañado si me veía de compras por la calle.
Un niño que ha venido a los últimos cuatro o cinco cumpleaños de Hugo.
Un niño al que anoche visionaba mentalmente estampado contra la pared o estrujado entre mis manos, en volandas, y tirado a la puerta de la tienda del padre de Hugo para que acabara él con la faena.
Tragándome lo que sentía y pensaba visceralmente, escuché a Hugo y le dejé desahogarse llorando, y luego le dije que me contara todo, bien explicado, y me contara también los incidentes en los que había estado involucrado el niño éste durante los últimos meses.
Pequeños comentarios de otros días han pasado con las explicaciones a ser un auténtico problema, y más el hecho de que se haya dedicado las horas de repaso, en aulas de otro centro escolar al que van Hugo, éste y otros niños, a planificar quién ha de pegarse con quién a la salida, cuando muchas veces los niños elegidos le decían que no querían pegarse. En una ocasión, a otro niño le forzó a besarle los zapatos ya que no quería luchar.
Otros niños, amigos de Hugo, no intervinieron para ayudarle, por miedo, y fingieron estar del lado del matoncete. Es lo que más le ha dolido a Hugo, pero le he hecho ver que estaban asustados y reaccionaron así para estar del lado ganador, igual que Hugo mismo vio lo del que tenía que besarle los zapatos y tampoco intervino.
Es difícil no ir en plan mamma italiana y coger al chaval por el cuello, cuanod ves a tu hijo llorar y contarte las vejaciones a las que un chavalín está sometiendo a otros, casi todos niños que conozco desde hace tiempo.
Hemos acordado:
- Que Hugo no ha de cogerle miedo al niño éste, porque de hehoc ha sido uno de los últimos de la escala de agresiones, que el niñato va probándoles uno a uno.
- Que Hugo hable con sus amigos a solas, uno a uno, con dos de sus mejores amigos de entre los de este grupito de estudio, y preguntar por qué no le ayudaron (la respuesta es obvia, pero hablarlo para ver la situación bien)
- Que hable también con otros buenos amigos suyos en la clase, para ver entre todos cómo solucionar el problema.
- Que yo hablaré con la directora del cole hoy, primero habíamos pensado en acompañarle al cole y hablar a primera hora, pero eso sería darle demasiada importancia al hecho de anoche. Le llamaré (he llamado pero estaba reunida) para concertar una cita o hablarlo por teléfono. Que sepa éste y los otros incidentes, hable con los niños involucrados, con los tutores de repaso, esplai, etc que conozcan el caso y el niño, para haer un trabajo conjunto.
- Que cuando vea yo a este niño, que hace unas semanas estuvo bromeando conmigo mientras acompañaba al equipo a jugar el enésimo partido de basket, hable con él no intimidatoriamente, sino razonando (si le viera hoy, no sé si sabría hablarle tranquilamente).
- He hecho recordar a Hugo quién es este niño, el torpecillo y más bien de pocas luces, que era muy graciosete pero con los años ha perdido la gracia. Ahora ha encontrado otro rol, y se lo tenemos que quitar lo antes posible para que no se enquiste. Pero el 85% de su tiempo sigue siendo ese niñato patoso y simpático...
¡Y pensar que en mi unidad precisamente se está haciendo un estudio sobre las marcas psicosociológicas que deja el billying!


