He quedado para comer con E., la que sospecho que vuelve a pasar por malos tratos (al menos psicológicos) y hace tres meses que no veo en persona. No quería habalr de sus problemas, pero está de baja por depresión. Muy desmejorada. Mirada triste y evasiva.
No estoy en el mejor día para consolarla, pero intento hablar de otras cosas y espero a que se decida a abrirse.
Lo entiendo. Ella misma me echa en cara que cuando yo estoy muy mal lo suelo callar hasta que pase lo peor.

Hablando de callar, voy a comprarme un candado y volver a cambiar de aires, creo. Al menos cambiar parte de lo que estoy haciendo últimamente. En la Vida Real (TM) me están tocando
los cojones la moral gracias a mi
ayuda psicológica para superar ciertos problemas. De darle apoyo a alguien ha pasado a pedir poder usar mi nombre (que no mi nick) en unos chats de ligoteo (que yo no utilizo jamás) y hasta que le acompañe a una cita, haciéndome pasar por ella y así desde la distancia ella puede decidir si le interesa o no aparecer. Y ahora ya va a más, entrando en mi vida privada y metiéndose entre mis amigos y yo. Malinterpretando cosas que dije hace un año o dos, o tres, y uniéndolas todas para formar una montaña de mierda.

O empiezo a callar yo, o empiezo a buscar amistades nuevas y menos indiscretas, que sepan distinguir entre una confidencia y un cotilleo y sepan hasta dónde pueden repetir lo que les he confiado. Y paso de hacer de intermediaria entre amistades, y de solucionar sus problemas entre sí (siempre intento evitarlo, ahora aún más, visto lo que hay). A veces desearía estar en Londres, donde tengo a gente con la que contar en estos casos y que no mete la pata de esta manera. O dedicarme a jugar con conocidos, muchos
conocidos con los que hablar y salir y bailar y reir y después olvidar si ya no convienen, y dejarme de lado las
amistades que luego te buscan problemas y te enredan en sus historias.
Estoy muy cansada. No me encuentro bien, mis desórdenes hormonales están en una fase activa y estoy en pleno ciclo de sentirme desanimada, intentar olvidar a base de fiestas y lecturas, tener tremendos bajones de ánimo y de autoestima, dejar de cuidarme y de tomar mi medicación crónica, dejar de limpiar y ordenar la casa y vivir con un criterio mínimo de comodidad, lo cual hace que me desanime más y que me encierre más en mí misma, a no ser que salga a 'desahogarme' bailando y bebiendo, lo cual me funciona unos días y luego... me vuelvo a esconder. Llevo unos días durmiendo en el sofá por no ir hasta la cama a dormir...
Necesito salir de mi vida, verla desde fuera, y tomar decisiones.
El problema de echar realmente el candado es que a veces luego tardas años en encontrar de nuevo la llave. La última vez tardé casi tres años. Y con la edad, el aislamiento puede ser más adictivo.
O quizá sólo se trate de que me dure todavía la resaca moral, la falta de mimos y la nostalgia de cierta persona que anda muy lejos. En el tiempo y en el espacio. En otra vida.
Pero juro que voy a cambiar algunas cosas, y ellos se lo pierden...